Etapa final, Mesão Frio – Porto

Me llamo Míguel, con acento en la “i”, así es para mis amigos. Tengo 46 años y acabo de completar 960 km entre el nacimiento del Duero en Soria y su desembocadura en Oporto, (miento, a la desembocadura exacta hoy no he llegado, lo haré mañana en un paseo). No se trataba de ninguna aventura, hazaña, epopeya ni nada por el estilo. Se trataba de un viaje, un simple pero costoso viaje atravesando España, Castilla y León y Portugal. Y recopilar experiencias que es lo que más me gusta en esta vida.

El viaje es duro, muy duro, os lo aseguro, más cuando vas solo, sin nadie con quien compartir decisiones, problemas o simples charlas pasaratos. Sin embargo y apesar de todo merece mucho la pena, especialmente a nivel humano. El encuentro contigo mismo en situaciones complicadas y el encuentro con el resto de personas con las que te cruzas te traza un perfecto mapa de dónde estás.

Hablaré estos días, una vez que descanse, de la gente que me he encontrado y que me ha llamado la atención, hoy me centraré en lo vivido en esta última etapa. A la que he llegado muy flojo ya de fuerzas. El desgaste de hace dos días sigue pasando factura.

Sin embargo, y a pesar de la dureza (este es el perfil de la etapa), hoy era un día diferente, no pedaleaba igual ni lamcabeza controlaba las situaciones seguramente presa de una cierta euforia de haber llegado hasta aquí. Miento si digo que no lo había soñado y que en mi foro interno tenía el convencimiento de que había que llegar sí o sí, pero también es verdad que ha habido momentos de mucha duda, muchísima sobre si llegaría al final, a pesar, repito, que no pasaba nada si me quedaba a mitad de camino. Un glúteo destrozado y ese pinchazo intenso en la rodilla del que ya os he hablado, casi lo consiguen hoy.

Desde el punto de vista ciclista, la etapa de hoy, un auténtico rompepiernas, sube baja, sube baja… 112 km así, sin más que ver que la ladera de la montaña y coches que te adelantan continuamente. Ganas de trminarla.

Desde lo personal, entrar en Oporto, ha sido un chute de vitaminas, endorfinas y todo lo legal que termina en “ina”. Ganas de llorar, sí. En el recuerdo la gente que me ha demostrado cariño: Melchor, mis padres, los Hierros, Isa, Patri… otros más anónimos pero importantes también…

Hoy, jueves 14 de julio puedo decir objetivo “casi” cumplido. Yo he llegado, pero me gustaría que sirviera para que Toro, Valbuena, la Posada Real La Mula de los Arribes de Villardiegua, Sardón de Duero, San Esteban de Gormaz, el centro Arqueológico de Roa… todo lo que tenemos alrededor del Duero coja fuerza, coja vida. Entre todos.

Gracias Alimentos de Valladolid. Gracias Somos DueroDouro. Gracias tuiteros. 💪🏼

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