Continuará

Etapa 3º: Aranda – Laguna de Duero. Sendero auténtico

Comenzó el jueves con ánimos renovados y todo a pesar de que mientras recogía las alforjas, el hombre del tiempo vaticinaba la entrada de tormentas para las próximas horas. "No creo que me toque a mi hoy", pensé para mi, así que decidí sacar de la bolsa de la ropa el chubasquero y dejarlo a mano por si acaso. Café con leche, una napolitana, un zumo y un diclofenaco para la tendinitis de la rodilla izquierda y a la carretera. (Hago un inciso para decir que Nutricel es mano de santo cuando de rozaduras se trata, qué maravilla, me podía sentar y todo.) La línea de meta estaba hoy a 110 km. aproximadamente y en teoría no debía de andar muchos más puesto que perderse no entraba hoy en los planes, conozco parte del recorrido y además hay que decir que es el tramo mejor señalizado de todos.

Para los amantes del ciclismo/senderismo os digo que es, posiblemente, mi tramo preferido de la Senda del Duero, al menos en cuanto entra en el corazón de la Ribera. pero no nos adelantemso, eso vendrá luego. Antes toca llanear un poco y la salida de Aranda de Duero algo ha tenido de premonitorio puesto que tuve que cruzar la Avenida de Portugal, la calle Lisboa y la calle Oporto, ¿casualidad?.

Hoy la primera parada era muy pronto, apenas había recorrido 30 km. con un cielo gris y bastante viento de costado. Me esperaban en Roa y me apetecía muchísimo conocer a la primera cita del día. Me habían hablado maravillas de este arqueólogo y la verdad es que el encuentro con él no defraudó, al contrario. Ángel Palomino, además de encargarse de numerosas excavaciones de la zona, es un profundo conocedor y amante del Duero. La primera cita fue en Roa, en el Parque Arqueológico (visita muy recomendada con niños) desde donde me explicó (lo veremos en el vídeo de final de viaje) toda la repercusión e importancia histórica del río, una forma más de acercarme al Duero. No contento con esta visita me citó unos kilómetros más adelante, en San Martín de Rubiales para contarme y enseñarme una de esas historias poco conocidas pero trascendentales con el Duero como protagonista y sin las que nuestra historia actual no sería lo que es. Me refiero a la tunda (la primera) que le propinaron los castellanos de la época a Abderramán III en su intento gallito de remontar el río conquistando todo a su paso. Subid al cerro señalado con una enorme cruz a disfrutar de unas vistas increíbles.

Tras abandonar San Martín de Rubiales tras cerca de una hora con Ángel tocaba adentrarse en "la Senda del Duero", un auténtico sendero de poco más de un metro de ancho (o apenas treinta centímetros a veces) y que te adentra en lo más slvaje y selvático del río. Permanentemente zigzagueante e invadido por pinos, chopos, álamos, juncos... y muchísimas zarzas y ortigas. Circular por este tramo que va desde Bocos hasta Tudela de Duero es sencillamente espectacular, por el trazado, por lo divertido, por lo exhuberante y por la capacidad que tiene para sorprenderte. Numerosos socavones o árboles caídos en mitad del sendero hacen frecuente el echar pie a tierra. Y también para ver toda la fauna que por allí campa: grullas, ánades, patos, águilas... A todo esto, aún no he contado que nada más entrar al sendero comenzó a llover. Primero finamente, después a cántaros con lo que ya no volví a quitarme el chubasquero en lo que restaba de jornada.

Con esa misma lluvia me recibieron en Valbuena de Duero Pilar y Ana, me habían invitado vía facebook a parar y conocer un poquito más su pueblo y así lo hice. Gracias chicas por el recorrido por la Isla y perdonad el remojón que os hice pillar. Por cierto, me encanta cuando alguien me envía un mensaje y me dice que le apetecería mucho que parara en su pueblo o su lugar para contarme algo. Hacedlo!

Por cierto, nos invitan a todos al Valbuena Summer Festival.

Sendero, sendero y sendero y agua, agua y agua. Las alforjas empapadas, algún resbalón traicionero en las pasarelas de madera y toda la ropa chorreando. En ese estado me toaba completar los kilómetros finales de la etapa. Apenas me había dado para comer un bocadillo de queso en Peñafiel así que era hora de reponer fuerzas. Un café con leche en Tudela de Duero y casi en casa. creo que pocas veces he soñado más con una ducha caliente. (Otro día os detallaré que lo primero que hago al terminar es meter las piernas en agua con hielos, pues en esta etapa no apetecía nada).

El caso es que pasito apasito, pedal a pedal la tercera etapa y sus 110 km ya están en la saca. Toro, allá voy

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