Aranda de Duero, fin de la etapa 2

Etapa 2ª. Almazán – Aranda de Duero. Cuidar las piernas.

Hoy ya se puede contar, una vez terminada con éxito la segunda etapa, pero he tomado la salida esta mañana de Almazán sin saber dónde iba a tener que parar y abandonar el viaje. La primera etapa no sólo me dejó secuelas físicas sino especialmente de confianza. Es posible que el amigo Duero quisiera bajarme los humos y pagar mi soberbia con un serio aviso, lo consiguió. Quizá las ansias de la primera etapa, un exceso de confianza gestado en la pantalla del ordenador y no en el sendero me jugaron esa mala pasada. Y sí, esa primera noche me encontré anímicamente hundido, pensando que tenía que abandonar apenas empezado. Y aún me pesaba más esa opción por todo el apoyo y los ánimos que la gente que seguís el viaje me estáis haciendo llegar cada día. La decepción iba a ser demasiado. Así que con ese panorama decidí corregir errores y salir a ver qué pasaba, con un objetivo: llegar donde pudiera, dormir, descansar y ver qué era de mi y de mis piernas.

Andaluz, Soria.

Objetivo cuidar las piernas.

Sin duda, era la principal idea en mi cabeza, suavizar el ritmo lo suficiente para ir rápido pero sin que gastara un gramo de energía de más, sin forzar la pierna un instante. Ritmos suaves favorecidos por el terreno casi plano y empecé a sumar kilómetros. Eso y un poco de música (Sabina, Pasión Vega, Eagles...) por el camino me hicieron venirme arriba.

Primera parada, un sitio que os recomiendo: Andaluz, un pequeño pueblecito en el primer gran meandro visible que hace el Duero. El río dando una curva perfecta, encañonado por paredes de arcilla roja y la silueta del pueblo y la torre de la iglesia de fondo. Desde el mirador es una estampa espectacular.

El caso es que el día iba fluyendo. Mi idea inicial era hacer noche en San Esteban de Gormaz y no forzar en exceso aunque fuera a a costa de trastocar los planes de arriba a abajo. Sin embargo los kilómetros iban pasando y las piernas respondían a la perfección, hasta el punto que me tomé la licencia de desviarme en Gormaz para ver Numancia y tomar un torrezno en el Burgo de Osma (imperdonable si me voy de Soria sin probarlos). En esto que allí me encuentro con los personajes del día, una cuadrilla de ciclistas madrileños que le estaban dando duro al pedal, bueno, al pedal y a unas cervecitas fresquitas que estaban despachando. Pero esto será historia de otro post. 

San Esteban de Gormaz, la puerta de entrada a la Ribera del Duero, bien clarito lo pone. Cerca, se cría uno de los mejores vinos, Atauta, el Ribera que a más altura se produce. Pena que esta vez no pude probarlo.

El caso es que encontrándome bien de fuerzas y acompañando el día decidí arriesgar y alargar el recorrido hasta Langa de Duero o La vid, ya veríamos. Todo lo que pudiera andar hoy me lo quitaba de encima mañana. Así que de nuevo a los pedales.

Puente San Esteban de Gormaz

Así, sin presión ni prisas he ido sumando kilómetros y kilómetros hasta decidir que estaba suficientemente fuerte para terminar el plan inicialmente previsto y alcanzar Aranda.

Antes eso sí un vistazo a las maravillas que tienes que ver en este tramo. Por supuesto el imponente Monasterio de La Vid (La Vid) y el mirador sobre el Duero en Vadocondes (por cierto un pueblo con mucha y curiosa historia, buscad).

Alrededor de las ocho de la tarde y entraba en Aranda de Duero. Alegría. Alegría inmensa pero lección de humildad terrible. A partir de hoy, poco a poco y cuidando las piernas.

Por cierto, la carne a la piedra de la cena y las patatas panaderas excelentes! Cómo se nota la calidad de los #AlimentosdeValladolid

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*